INTRODUCCIÓN AL OZONO
El Oxígeno es uno de los elementos más comunes en la naturaleza y en ella se encuentra en diversas formas, siendo la forma de gas diatómico la más habitual.
A la temperatura ordinaria el oxígeno es un gas incoloro e inodoro, Existe una forma alotrópica del oxígeno gaseoso conocida como ozono, en el que en vez de presentarse en forma diatómica, lo hace en forma triatómica.
A la temperatura ordinaria el oxígeno es un gas incoloro e inodoro, Existe una forma alotrópica del oxígeno gaseoso conocida como ozono, en el que en vez de presentarse en forma diatómica, lo hace en forma triatómica.

Lo que en principio para el profano no parece más que una curiosidad científica sin mayor interés, para un químico en realidad son dos especies distintas con propiedades, comportamientos y estructuras totalmente diferentes.
Este tercer átomo de oxígeno que está unido de una forma altamente inestable al resto de la molécula es la base de las especialísimas propiedades que caracterizan al ozono. Esta baja estabilidad de la molécula de ozono lleva aparejada, por tanto, una alta reactividad; es decir, tendrá mucha facilidad en ceder el átomo de oxígeno inestable.
Cuando se suministra energía al oxígeno diatómico se forma la molécula triatómica del ozono mediante la reacción:
3 O2 (g) >>>>>> 2 O3 (g)
Se ha calculado que a la temperatura ordinaria la constante de equilibrio de esta reacción es solo de 10 –54 y aunque aumenta con la temperatura, para ningún valor de esta es apreciable la concentración de ozono en el equilibrio. Así pues, por simple adición de calor no es posible convertir gran cantidad de oxígeno en ozono.
Ahora bien, cuando se suministra energía en otras formas (eléctrica o radiante de alto poder energético) se logra obtener importantes cantidades de ozono.
En el laboratorio, el ozono se prepara fácilmente haciendo pasar oxígeno o aire entre dos láminas de estaño conectadas a los polos de un carrete de inducción.
De forma natural también se forma ozono en cantidad apreciable por acción de los rayos, de la luz ultravioleta y de las chispas de los motores eléctricos.
El ozono tiene un olor fuerte y penetrante, y su solubilidad en agua (en moles por litro) viene a ser un 50 % mayor que la del oxígeno, probablemente porque las moléculas de ozono son polares y las de oxígeno no lo son.
Enfriado a –111.5 ºC el ozono pasa a líquido de color azul intenso, que es explosivo por su tendencia a descomponerse y convertirse en oxígeno diatómico. Esta descomposición es normalmente muy lenta, pero su velocidad crece con rapidez al aumentar la temperatura o en presencia de un catalizador.
Tanto el oxígeno como el ozono son buenos agentes oxidantes, pero en la mayor parte de las reacciones a temperatura ambiente, el oxígeno es un oxidante lento, mientras que el ozono es mucho más rápido.
El Ozono es un oxidante muy fuerte y un ideal agente purificador y desinfectante libre de sustancias químicas, de ahí que sea altamente eficaz en tratamientos de desinfección y esterilización, sin que las bacterias y virus puedan hacerse inmunes al mismo, a diferencia de lo que ocurre con otros compuestos.
Otra característica que lo convierte en único e irremplazable para todo tipo de tratamientos de esterilización, desinfección, desodorización, etc., es la de que al reaccionar se desprende oxígeno y no se producen ni olores ni sabores extraños.
El problema que presenta el ozono para su utilización es la imposibilidad de envasarlo y almacenarlo, pues su propia reactividad lo convierte en inestable y obliga a fabricarlo “in situ”, por medio de GENERADORES DE OZONO.
Los generadores de ozono funcionan por descargas eléctricas silenciosas, las cuales se obtienen aplicando una corriente alterna de alta tensión a dos electrodos. Entre estos dos electrodos se sitúa un electrodo dieléctrico que junto con el electrodo de tierra limita el espacio real de descarga.
Generadores de Ozono

